Local Disponible. Autopsia. Eixample, 2021.


Un año después del inicio del confinamiento y la crisis económica causados por la pandemia, la cifra de locales comerciales vacíos en Barcelona asciende a 5.325. Dicho de otro modo, al menos el 6,6% de los más de 80.000 establecimientos que alberga la ciudad, no volverá a subir la persiana. O, al menos, no con el mismo
rótulo en la cabecera.












La conocida nueva normalidad, instaurada en medio del desastre, ha desvanecido
toda ilusión de mejoría dentro de un sistema que, en su propio ADN, contiene las
células metastásicas que lo abocan a una muerte inminente y agónica. 
El capitalismo, si se me permite la sentencia, es el más hondo y letal de los virus de
nuestro tiempo. Ni siquiera ahora, cuando sus síntomas son más visibles que nunca,
parece que nos despertemos del letargo al que nos induce este terrible contagio
generalizado. Por el momento, nos contentamos con preservar unos estándares
mínimos de comodidad a cambio de hacer la vista gorda mientras unos pocos
acaparan mucho, para que muchos otros se queden sin nada. Y ni siquiera hace
falta observar demasiado lejos para detectar las evidencias, pues en mi caso las
descubrí paseando por el que es mi barrio desde 2017; el Ensanche de Barcelona.